… Rentabilidad financiero-emocional

Reconozco que no soy de las que lo pone fácil  cuando propongo un tema y a un conferenciante, porque no me gusta acotar. Lo quiero todo. También es verdad que no me dedico a organizar eventos sino a la in-formación así que, cuando la detecto, asoma mi faceta de esponja y me olvido del mundo.

El martes no sólo disfruté de la conferencia de Antonio Fernández sino que reconozco haber aprovechado al máximo los minutos de conversación disponibles, no sé si muchos o pocos, según se mire.

Si bien en los previos lo que me llamó la atención fue la segunda parte del título, la rentabilidad financiero-emocional, ahora el eco que resuena en mi cabeza son las palabras: “economía real“. Porque… ¿tenemos claro de qué hablamos?

Reflexionaba hace unos días sobre los problemas de aprender a emprender, un problema con muchas caras cuya perspectiva no podemos debemos separar de la emoción. Decía Antonio que quien ha sobrevivido a cinco intentos por levantar una empresa jugándose su dinero, y su credibilidad,  es alguien que ha vivido la desesperación por no poder afrontar pagos, que ha llorado de soledad y de impotencia. Y  si a pesar de todo, sigue teniendo fuerza e ilusión para continuar… ¿no estamos hablando de emociones?

Pero la emoción no es un recuerdo de juventud sino nuestra esencia vital. Comprenderla y enfocarla puede contribuir no solo a la satisfacción personal sino al bien común y a la inteligencia colectiva. Esa es la lección por aprender que nos explicaba el conferenciante.

De momento, seguimos prefiriendo la ilusión de la nómina anestesiante, al tiempo que renegamos de las grandes corporaciones, sin querer ver nuestra realidad de micropymes en la que más de un 80% de las empresas no pasan de dos personas en plantilla. Cambiaremos, no nos queda más remedio, pero hay que empujar.

Pero ni siquiera es esa la cuestión, la clave está en la palabra “real“. Dice Antonio no reconocerse ya en su formación de economista, ahora que hay que responder preguntas que no han sido formuladas y que el valor surge en cualquier esquina en una empresa que “ni factura, ni se le espera”. Creo que, tras escucharlo, pondré entre mis prioridades la lectura de Free, de Chris Anderson, que tantas veces me ha recomendado desde nuestras primeras conversaciones.

Antonio Fernández es un hombre extraordinariamente rápido y pragmático. Suma donde el resto nos atascamos, o nos cabreamos, y reconvierte en oportunidad cada lamento. Es la suya una inteligencia carismática que se despliega sin esfuerzo en lo importante y en los detalles, que viene siendo lo mismo porque ya no hay verdades escritas, está todo por hacer.

Por supuesto, se ha grabado la conferencia, que compartiremos en breve, pero no podía dejar de aprovechar la ocasión de irrumpir en su discurso con mis divagaciones sobre las cosas pequeñas y las palabras. Y no sólo accedió al acoso conversacional, sino que se divirtió colaborando e improvisando el marco para nuestra charla. Este fue el resultado.

Entrada original: enPalabras

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